jueves, 18 de diciembre de 2008

Deseos de cosas imposibles

"Sé que todas las personas guardan profundas añoranzas con respecto a diversos momentos de su vida, su juventud o su infancia.
Es un secreto tan bien guardado que, en muchas ocasiones, ni quienes lo cargan lo saben. Es decir, ni quienes desearían volver por un instante a tal tarde o tal mañana en su propia vida, son consciente de hasta qué punto desean eso. Saben con tanta certeza de que no es posible, que ignoran que aún sabiendo que es imposible, lo desean.
Y es que las leyes del deseo son otras.
Ni siquiera la de desear imposibles, sino, mucho más sencillamente: es posible desear algo imposible.
Por ejemplo: si deseáramos volar una noche, encima de nuestra ciudad o nuestro pueblo, sin aviones ni máquinas, simplemente volar una noche, solos o de la mano de alguien, volar, y aún sabiendo que es imposible, nos permitimos desearlo, ocurre que nos enteramos de algo que nos gustaría. Y eso es como una pregunta, y no hay que acallar ninguna pregunta.

-Fíjate que a mí me gustaría volar una noche sobre mi pueblo.
-¿Cómo las brujas?
-Pues, como los pájaros, o sí, también, como las brujas.
-¿Y por qué?
-Porque es hermoso, por curiosidad,
porque me da placer.
-A mí no (dice la otra persona) a mí
me gustaría ser invisible.

Y es que ocurre que no todas las personas deseamos las mismas cosas imposibles.
No es lo mismo el que desearía volar de noche, que el que desearía ser invisible. Y he ahí que hasta en eso somos diferentes.
Todos, aún quienes son tan realistas que no se lo confiesan a sí mismos, que no pueden reconocerlo, que son tan realistas que ni toleran hablar de eso que les gustaría tanto pues saben que es imposible, aún ellos anhelan algunos momentos de su vida.
Pienso que uno debería ser un niño pequeño, al menos una vez por semana.
¿Cuán pequeño?
Tanto como cuando lloras de impotencia ante algo que escapa a tu control.
Sea lo que sea...
Tanto como cuando sientes placer y protección como si te sostuvieran en brazos.
Uno debería ser una persona madura, al menos una vez por semana, tanto como cuando te toca dar consuelo o sostén, tomar las riendas en tus manos, o disfrutar plena y poderosamente...
al menos una vez por semana.
Y un anciano también, que se aparta dulcemente, que ya cumplió con todas las labores y disfruta de su propia obra incluso con algo de desprendimiento. También, al menos, una vez por semana.

Más también, menos también;
pero no: siempre menos,
pero no: siempre más.”

Luis Pescetti

P.S. Un grande, grandísimo abrazo para "el poeta que (por el momento) trabaja en un banco" ...y que hoy cumple años.

2 comentarios:

Roberto dijo...

es el que un tiempo cantaba canciones para niños en bizbirije??, es un genio ese tipo

Renee dijo...

Puede ser Robert, porque también escribe cuentos para niños... y sí, se ve que es un genio :)